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jueves, 2 de agosto de 2012



“Para un hijo de Dios, la oración es como llamar a casa todos los días” 

E.W.

jueves, 19 de julio de 2012


Los zapatos negros (2009) Los vi en una vidriera de la calle Santa Fe. Cada vez que pasaba me quedaba mirándolos. Eran exactamente como los había imaginado. Negros, de un taco elegante y terminaciones delicadas. Había visto ese mismo modelo en las chicas del colegio ese año, y sabía que era difícil encontrarlos, la mayoría había conseguido esos zapatos en el extranjero. Hacia años que soñaba con esos zapatos negros de taco elegante.

Los zapatos de mis sueños estaban en oferta, en la calle Santa Fe, a cinco cuadras de casa. En aquel tiempo el sueldo de mi madre docente cubría la educación privada de dos hijos, así que el hecho de que los zapatos estuvieran en oferta era un dato fundamental.
Mamá me dio el dinero justo para visitar a mi prima ese verano, apenas algunos días de paseo. Hice cálculos rápidos, si me esforzaba, podía ahorrar el dinero y comprarme los zapatos a la vuelta del viaje. Pero quien me aseguraba que los zapatos estarían allí. Así que ahí, parada enfrente a esa vidriera, mirando esos zapatos negros y elegantes que me parecían de ensueño, le pedí a Dios que me los guardara hasta que volviera de la casa de mi prima.

Una semana después baje del colectivo y con mi pequeño bolso caminé directamente hasta la vidriera. Una parte de mi sabía que ese ultimo par en oferta, probablemente había sido vendido, pero otra parte de mí recordaba que yo había dejado a Dios como garante de los zapatos de mis sueños.

Los zapatos estaban en el mismo lugar. Entre, los probé y me los lleve. La felicidad que tenía me brotaba por todos los poros. Y no era sólo por los zapatos, era, ante todo, por esa pequeña complicidad entre Dios y yo.

Dios puso esos zapatos en la vidriera de la calle Santa Fe y me los guardo hasta que fui a buscarlos. Caminar con la caja de zapatos en la mano hasta mi casa es uno de los momentos más felices que recuerdo en mi vida.

Pasaron diez años desde esa experiencia. En muchos aspectos ya no soy la misma persona y hace tiempo que no me atrevo a pararme en una vidriera para pedirle a Dios que me guarde los zapatos que me gustan. Dios debe extrañar la candidez que me caracterizaba cuando a los 19 años creía que Dios podía para el Universo sólo para comprarme zapatos.

Me volví mas racional, mas cínica. Ahora, la mayoría de las veces intento negociar con Dios, conquistarlo, tratarlo como trato a mis jefes, convencerlo de que tal o cual solución es la mas adecuada.

En las últimas semanas he dudado mucho del interés de Dios por asuntos que debo resolver en el trabajo. Mi propio cinismo me lleva a creer que Dios me mira desde lejos, indiferente, esperando que me las arregle sola.

Y de la nada recordé los zapatos negros. Y recordé la sensación maravillosa que tuve, con la caja en la mano, caminando hasta mi casa, pensando que Dios me había regalado los zapatos más hermosos del mundo.

Usé esos mismos zapatos en mi graduación universitaria. Ya estaban pasados de moda, no eran tan bonitos como los de mis compañeras, pero yo me los puse a propósito, como si quisiera llevar a Dios conmigo cuando me entregaran el diploma, como si quiera homenajear a Dios con un guiño de complicidad que solo nosotros entenderíamos.

junio, 2001
Pero lo más importante, quería empezar mi carrera profesional recordando que Dios se preocupa. Que a Dios le importa. Que Él puede detener el Universo para reservarle a una chica los zapatos más lindos del mundo.-

miércoles, 6 de junio de 2012

encontrado mientras ordenaba cajones:


"Bendito el Señor Dios de Israel que ha visitado y redimido a su pueblo"
Lucas 1:68

martes, 5 de junio de 2012


Dios escribe derecho sobre líneas torcidas. Estas palabras no están dirigidas a quien tomaría las mismas decisiones si volviera a nacer.  
Estas palabras, surgidas de un dicho popular, están dirigidas a quien conoce el sabor del fracaso y quisiera borrar el pasado y recuperar la fe en el futuro. 
 La vida no siempre llega al puerto que soñábamos. A veces el fracaso nos alcanza sin ser llamado, otras veces, es la consecuencia de malas decisiones.  
Sin embargo Dios es un restaurador apasionado. No es un artista que destruye una obra con la que no esta conforme. 
 Él recibe una vida, la observa cuidadosamente y comienza a trabajar en la restauración de algo que parecía perdido. 
No es fácil permitir que Dios escriba derecho sobre líneas torcidas. Requiere nuestro reconocimiento del fracaso y del dolor.  


Pero es este reconocimiento el que le permite a Dios convertir nuestra vida en una obra de arte (abril, 2005)

viernes, 1 de junio de 2012


DIOS VIAJANDO EN COLECTIVO

 

"Deus é Fiel"



(calcomanía en la puerta del colectivo uruguayo que me llevaba a Buenos Aires)

No creo en los cuentos de hadas. Pero tampoco creo en las casualidades.



Dijo un poeta: “El bien es mayoría, pero no se nota, porque es silencioso”. 
  Muchas veces esperamos que Dios estalle en nuestra vida con fuegos artificiales.
Esperamos que el amor llegue derrumbando paredes.
Que la felicidad no tenga fecha de partida. Que el mundo nos reciba con una carcajada.
Con el tiempo descubrimos que no todo lo que brilla es valioso.
Aprendemos, con los años, a percibir ese bien silencioso que no se hace notar.
Un padre que regresa a casa. Una madre que trabaja hasta tarde para que sus hijos
estudien. El maestro que explica una vez más. El médico que hace horas extras. La enfermera que sonríe a su paciente a pesar del cansancio. Ese bien que es mayoría y que es silencioso. Esas personas que no brillan pero sostiene el
mundo con su nobleza. Descubra esos pequeños milagros que hacen que la vida valga la pena. Esos pequeños milagros que le devuelven la sonrisa a Dios. (abril, 2005)

fotografía de Ana Cecilia, 5 años

"Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que juró a tus padres" Deuteronomio 4:29-31

(en un email abierto quince días después de recibido...Dios también nos tiene paciencia)


"Jehová es mi pastor, nada me faltará" 
Salmos 23:1
(leído en el boletín de iglesia, cuando estaba sin dinero y sin tarjetas)


 




Joao 14:6
Isaías 30:21

(anotados na solapa do Diario de Ana Frank)


Y DIOS SE ESCONDIÓ EN UN COSTURERO...

 

 

"Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo" Joel 2:32
"Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra" Salmos 121:2
"Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo" Salmos 42:2

(versículos encontrados en tarjetas de cartulina cuando ordenaba el costurero de mi tía, mayo 2011)

martes, 29 de mayo de 2012


"Creo en los hombre porque debo, si voy a creer en Dios; quien creyó lo suficiente en el hombre como para crearlo y continuar siendo paciente con él. Esto es lo que ninguna crueldad o locura puede destruir: que el hombre crea en sí mismo, lo que en definitiva es su confianza en su Creador" M. Geiger






"Yo creo personalmente en Dios, pero no hago avisos publicitarios, no uso el credo porque soy practicante. El que practica no necesita mostrar, porque siempre está con Dios" Elisa Carrió, política argentina

SAME HERE

 

“How would you like to die?
-Peacefully, when the good Lord is ready to call my number”


(Ray Charles en Vanity Fair)

viernes, 18 de mayo de 2012

mi regalo de feliz sábado para una amiga del otro lado del charco...

-me recordó la colección de tu abuela-
  
salmo 20
"Jehová te escuche en el día del conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario y desde Sión te sostenga. Traiga a la memoria todas tus ofrendas y acepte tu holocausto. Te dé conforme al deseo de tu corazón y cumpla todos tus planes. Nosotros nos alegraremos en tu salvación y alzaremos bandera en el nombre de nuestro Dios. Conceda Jehová todas tus peticiones. Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo atenderá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquellos en caballos; más nosotros del nombre de Jehová, nuestro Dios, haremos memoria. Ellos flaquean y caen mas nosotros nos levantamos y resistimos a pie firme. Salva, Jehová; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos"




para Eli y sus alumnos (gracias por inspirar mi semana)


“La gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía” Hechos 8:6

Felipe (2008) Y aquí estamos, un nuevo nombre, una nueva historia, una nueva lección. Felipe no tiene la presencia del apóstol Pablo, el carisma de Pedro ni la complejidad de Juan.

Felipe es… uno de nosotros. El hombre común que ocupa pocos versículos en la Biblia. Felipe es uno más. Sólo eso. Un nombre conocido, inspirador, pero no es uno de los grandes paladines del relato bíblico. Motivo por el cual me pareció interesante pensar en Felipe, porque su historia responde a la más básica de las preguntas misioneras: “¿Y yo? ¿Qué tengo para ofrecer?

La historia más conocida de Felipe está registrada en Hechos 8:26-40.

La primera frase es: “Un ángel del Señor habló a Felipe…”

Y aquí nos detenemos. Imagino tu rostro al leer esa frase. Sólo esa frase ya coloca a Felipe en el pedestal de los personajes míticos y distantes.

Seguro pensamos: “Felipe no tiene nada que ver con nosotros, porque los ángeles no nos hablan”.

Pero, ¿cómo saber qué tipo de ángel se manifestó a Felipe? ¿Y cómo saber qué tipo de ángeles te buscan cada día? Esa sensación fuerte de que debemos cambiar el camino al trabajo y al hacerlo encontramos un viejo amigo que necesita ayuda… ¿acaso ésa sensación no es un ángel susurrándonos la voluntad de Dios al oído?

Punto crucial para entender cómo Dios trabaja: Él nos habla de manera sutil. Y es importante aprender a escuchar a Dios en el silbo apacible.

Dios utilizará sensaciones, pensamientos, impulsos, la voz de nuestros hijos, la casualidad... Dios tal vez use métodos poco ortodoxos o ridículos. Pero el mensajero atento sabrá reconocer al ángel del Señor hablándole.

Sutileza. Primera lección sobre el “know how” de Dios.

El ángel del Señor continúa presentándose delante de miles de anónimos seres sin brillo. O sea, en este momento Dios está colocando en tu corazón alguna sensación, algún pensamiento, algún loco impulso que te permitirá ser parte de un milagro magnífico: el milagro de una persona que se encuentra con Dios y aprende a reconocerlo como salvador.

Y ahora, la segunda palabra clave en la experiencia de un hombre común convertido en brillante mensajero: “...y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el eunuco no lo vio más; y siguió gozoso su camino” Hechos 8:38,39

El versículo? Prácticamente el últimos del capítulo 8 de Hechos. Versículo 39.

La frase clave “…y siguió gozoso su camino”.

Pensaron que me concentraría en el bautismo sin protocolos del etíope o la aplicación teológica del texto de Isaías o el desafío de la diversidad cultura en el trabajo evangelístico, pero no. La frase que me conmovió es esta, tan simple “…y siguió gozoso su camino”.

Dios nos habla de manera sutil, nosotros respondemos y alguien, conocido o ilustre desconocido, sigue con su vida, pero ahora con gozo, feliz, tranquilo, en paz.

El bautismo o el convencimiento teológico no siempre serán el objetivo por el cual Dios colocará gente en nuestro camino. A veces es tan simple como una oración, como un abrazo sincero, un elogio, esa sonrisa tranquilizadora cuando encontramos a alguien triste o esa frase que puede hacer milagros en una persona estresada:¿Querés que te ayude?.

Dejar a la gente feliz ¿Así de simple es la tarea del mensajero a veces? Sí, así de simple…

Dejar a la gente más feliz.

Dios creó al ser humano para ser feliz. Esta es una verdad básica y sin embargo la olvidamos con facilidad. Nos ahogamos en un mar teológico y dejamos de ver al Dios de pies callosos y manos de carpintero que alimentaba a gente con hambre.

La gente que se encuentra con Dios recibe un don primordial: felicidad. Así de simple.

Por eso hoy reflexiono sobre esta cosa maravillosa llamada providencia. Dios nos habla con sutileza y al encontrarnos con nuestro prójimo, dejamos su corazón más leve, más feliz.

Nada de cruzar el Atlántico, aprender suajili o evangelizar musulmanes. No. Dios es más práctico y sencillo de lo que imaginamos.

Estamos aquí para que las personas que están cansadas continúen su viaje más leves, para que las personas tristes aprendan a ser felices y para que los que viven en oscuridad sepan que en Dios hay luz.

Aquí esta Felipe. El líder del hombre común que va al supermercado repartiendo la paz de Dios sin hacer ruido, sin viajar en avión y sin aprender técnicas de evangelismo.
Aquí está Felipe. Simple hombre común. Escuchó a Dios y dejó a un etíope continuar su viaje lleno de gozo después de haber encontrado a ése Dios.

Bienvenidos a la más grande aventura posible: Dios habla, nosotros obedecemos y el mundo se trasforma en un lugar más agradable para todos.

Un aplauso a la simplicidad de Dios.-